Hace días, el destino me dió la oportunidad de abrir un nuevo camino... Quizá una salida, quizá una tortura...
Hoy, el destino, ha querido brindarme la oportunidad de abrir esa nueva puerta...
Quince días hace que un anuncio de trabajo en el periódico llamó mi atención, lo que más el sueldo que llegaban a pagar. Más de 2000€ por trabajar en un crucero.
Mi inquieta curiosidad marcó el número de teléfono sin ninguna expectativa interesante, a lo que un simpático contestador recogió mis datos personales.
Me sentí como aquellas veces en las que llamaba al famoso casting de Gran Hermano para concursar... Con la misma sensación atormentada por el nulo éxito.
Un número sin identificar me despertaba esta mañana comunicándome si daba mi conformidad para ser seleccionado... Mis ojos dormidos han despertado de miedo.
¿Qué hago?
¿Continúo con la selección de personal, o pongo los pies en la tierra descubriendo que no puedo estar lejos de mi hija y de la gente que quiero?
Es difícil... Tengo que reconocer que no quiero ni morirme ni pasarlo mal.
Así hasta que la inteligencia de una calculadora me ha mostrado ciertas cantidades económicas, verdaderamente interesantes, las cuales nunca podría llegar a ganar, siguiendo con el aburrido y rutinario empleo que tengo.
He accedido a trabajar en el dichoso crucero... Aún sin pensar en si podré hacerlo.
A lo largo de la tarde he ido descubriendo que cada vez me hace más ilusión, aún sin saber si definitivamente me seleccionaran. He ido tejiendo una situación cómoda después de trabajar varios años en el barco. Seguramente podría vivir sin hipoteca, y con algunas letras menos que pagar.
Me apetece probar... Al menos tengo que intentarlo.
Quizá este sea el empujón que necesita mi vida para alzar el vuelo.
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